
Empecé nuevamente hablando de camiones, pero era algo muy raro pues mi experiencia se basa sólo en haberme subido a uno y con eso no es mucho lo que se puede relatar, puede haber sido "el viaje", pero sólo fueron 20 minutos y para mí no es lo suficiente para dar rienda suelta a algún tipo de emoción, sólo serían percepciones.
He vuelto a ser madre, y madre de un niño sano gracias a Dios.
No sé si alguna vez comenté pero mi primer hijo tenía una serie de problemas que a la larga lo iban a hacer crecer como un ser 100% dependiente de otra persona y yo siempre me preguntaba: ¿qué será de él cuando yo no esté en este mundo?, y creo que Dios escuchó mi angustia nocturna y de mañana antes del alba vi como su vida se fue en un sueño.
Dios es bueno, su misericordia es infinita y no me dejó sufrir más de lo que podía soportar.
De eso ya serán 6 años...
Ahora me renovó nuevamente la esperanza y me abrió un mundo que a diario voy descubriendo y eso de que los niños vienen sin manual de instrucciones es la más pura verdad, ya que en un minuto pueden ser un liviano algodón y al siguiente algo a punto de explotar.
Mi hermana me decía: ¡Que rico ser un bebé!!, si tienes hambre te dan de comer, si tienes sueño nadie tiene la autoridad para privarte de ello, si estás sucio corren a limpiarte. Todos te sonríen y te hablan bobamente pero el mundo continúa rendido a tus pies.
Ahora pienso ¿qué pensará mi hijo cuando me ve?, porque créanme que me derrito cuando veo que me sonríe, o más aún cuando mi marido llega a casa y con alegría comienza a retorcer su cuerpecito esperando una atención más cercana. Si, ¿que pensará?, ¿se sentirá en un placer que lo inunda como cuando alguien nos da una buena noticia o una palabra amable?, ¿o solo será un reflejo que nos hace creer tontamente que no hay nadie más importante en su vida que nosotros?.
¿Por qué al crecer nos olvidamos de esto? le contesté prontamente y sólo mi hermana atinó a blanquear sus ojos y seguir afirmando que la vida de bebé es la más codiciable en estos momentos. Vida caoticamente hermosa dice un comercial de marca de pañales desechables, y en mi opinión personal creo que es acertada la frase para aquellos que vivimos con un hijo que es normal... pero no así para aquellas que como yo en mi pasado vivimos algo poco normal.
Quizás es más normal de lo que parece, y debe repetirse el mismo patrón que cuando uno está embarazada, es decir, cuando uno está así se da cuenta con más facilidad que hay otras en el mismo estado, pero si no te afecta, no lo piensas. Ni siquiera se te ocurre.
Mi reverencia es para aquellas madres que por esas cosas que no entiendes, deben a esta hora estar al lado de una cama de hospital esperando la visita de un médico con una noticia favorable.
Mi reverencia es para aquellas madres que dejan sus casas y su vida normal para ser normal desde la vereda del frente.
Mi reverencia es para aquellas madres que aparte de madres se convierten en enfermeras, médicos y hasta medio adivinas del futuro con tanta tecnología que las rodea de un minuto a otro sin querer.
Mi reverencia es para aquellas madres que se conforman sólo con una marraqueta y un vaso de leche tibia a la hora de almuerzo y que comparten sus experiencias y sirven de hombro para cobijar la cabeza de la más nueva que llega a la misma situación.
Mi reverencia es para aquellas madres que se alejan de su ciudad buscando respuestas en mentes más inteligentes, respuestas que puedan salvar una vida, una familia.
Mi reverencia es para aquellas que en lo más profundo de su mente no se cuestionan el por qué de la situación, sino que se preguntan ¿y por qué a mi no me debería haber pasado esto?
Siempre he dicho que sólo algunas hemos sido privilegiadas en tener que ver las cosas desde un punto más lejano que el resto, y lo veo como un privilegio no como un castigo, porque me hizo ser mejor mujer, mejor madre ahora, mejor persona; y vez que puedo repito: ¿Por qué a mí no me debería haber pasado?.